5 errores que cometen las
nuevas generaciones de jóvenes “revolucionarios” de manera individual y que perjudican
la causa de su movilización en general.
Antes
de que alguno de ustedes vaya a leer esto dichoso del hecho de que voy a
criticar a los jóvenes que llaman “pseudo-revolucionarios”, déjenme explicarles antes un
par de cosas que a lo mejor haga que saquen la cabeza del hoyo de una vez por
todas. Hay un par de cosas que los mexicanos como ustedes deben
entender sobre la acción colectiva realizada por los jóvenes –en específico los
del movimiento #YoSoy132- en el anterior proceso electoral, que son:
- No se trataba de un levantamiento social, sino de una movilización con una meta y una causa específica para la coyuntura electoral de 2012: la democratización de los medios.
- Dicha generación es en su mayoría producto de un sector privilegiado de la población mexicana que goza de mayores índices de desarrollo humano en relación al resto y que fue capacitado para convertirse en fuerza de trabajo calificada y no en mano de obra.
Es
por eso que se miran bien fresas los morros y morras...
...y se escuchan también.
Lo
aclaro para que la próxima vez que quieran tacharlos de “hipsters” o “huevones”,
tengan por lo menos fundamentos para cuando te cuestionen al respecto.
Hartarse de las desfavorecidas condiciones que vive el país y movilizarse al respecto para dar solución no exentó a los jóvenes de cometer errores en su lucha. Movilizarse fue ciertamente un gesto honesto de inconformidad pura y de sentido de pertenencia a la vida pública de la nación; espero y ese espíritu no muera y sigan manteniéndolo en pie. Pero enseguida voy a señalar los siguientes errores en los que veo que muchos jóvenes “revolucionarios” de ahora caen a nivel individual y muchas veces desde detrás de sus computadoras. Y lo hago no con la intención de sabotearlos, sino con la de evitar que perjudiquen aun más a su “causa”. Algunas de estas fallas son producto de la misma idiosincrasia mexicana así que no solo afectan la causa de su movilización sino a la vida pública de la nación.
5. Permanecer enojado e irascible.
Estos
son tiempos de fibras emocionales sensibles. Las emociones son un hecho
inherente al ser humano y no podemos evitarlas, pero si canalizarlas. No tiene
nada de malo sentir enojo, los sentimientos no nos engañan y definen muy bien
cual es nuestro objetivo y enojarse resulta en este caso bueno, es uno de los
requisitos para movilizar a una sociedad en descontento y comenzar a generar
cambios perceptibles.
Pero
permanecer siempre en ese estado de ánimo tiene tres efectos secundarios:
- Nubla nuestro criterio de las cosas y reaccionamos de manera exagerada ante los hechos,
- falta de entendimiento con los demás actores y entre los ciudadanos; y
- genera altas expectativas y horribles resacas producto de la decepción.
¿Cómo afecta a la causa?
Sencillamente
la ira en cada uno de los individuos se proyecta en la movilización en general y
fluctúa en el consenso con el resto de los ciudadanos, aquellos con los que
tenemos un “contrato social” y los demás actores de la vida pública del país.
En pocas palabras, transforma el debate y el consenso en conflicto y de pilón hace
que los demás nos odien también.
4. Caer en protagonismos.
La
vida pública del país se politizó como antes nunca. Más ciudadanos votaron en
estas elecciones como en ninguna otra en la historia de este país. En ese
aspecto, estos resultan ser tiempos muy emocionantes para todos aquellos con
ánimo de expresar sus opiniones, de tomar acciones en lo político y de explotar
su potencial y capacidades.
Es
por ello que recientemente surgen formas muy creativas de expresarse en las marchas y
manifestaciones. ¡Válgame!
Esto
es algo bueno tanto para el desarrollo integral de uno mismo como para el del
país, idiotas aquellos que dicen que “primero debe cambiar uno antes que querer
cambiar al país”. El problema es cuando confundimos la capacidad, el potencial
o la acción colectiva por la de una sola figura o personalidad. Los mexicanos
siempre hemos estado fascinados por ese tipo de figuras unidimensionales:
caudillos y mártires.
¿Cómo afecta a la causa?
El
fanatismo y el protagonismo convierten la causa de un solo individuo en la de todos, fragmenta y divide las acciones colectivas en tribus locales con
distintos esquemas y hace que los esfuerzos requeridos se dupliquen.
El estar dependiendo de figuras protagónicas
y políticas hace también que la autogestión sea una alternativa remota a pesar
de estar inconformes con el gobierno mexicano, pues seguimos delegando esa
responsabilidad al gobierno o a pocos actores sin importar cuanto nos quejemos.
3. Banalizar y radicalizar las posturas de los actores.
Los
mexicanos no entienden posturas críticas, imparciales y con opiniones
complejas, solo entienden aquellas posturas pasionales y unidimensionales,
aquellas con un único rostro.
Ni
modo Antonio Attolini, no en este país, no en esta época, no aún.
He
detectado dos formas en la que los mexicanos banalizan las posturas de los
ciudadanos con respecto a la movilización:
- Izquierda o derecha. Estamos ya en comienzos del siglo XXI, estos ya no son los años sesenta o setentas, el criterio de los ciudadanos activos en la política se ha vuelto más complejo, la muestra está en los resultados de las elecciones pasadas. Evaluar los hechos desde esta perspectiva nos hace caer en afirmaciones equivocas y simplistas. ¿Por qué seguimos empeñados en creer que nuestra causa solo tiene sustento desde la izquierda? ¿por qué seguimos empeñados en creer que esta es una lucha de corrientes ideológicas y que una de ellas es maligna?
- Libre pensador/objetivo o vendido/ignorante. Desde el momento en el que caemos en fundamentalismos dejamos de ser libres pensadores. No es obligación de periodistas, editorialistas o analistas objetivos y críticos estar de nuestro lado.
No
se vale querer escuchar solo un punto de vista y tachar de vendidos y
derechistas a aquellos que no piensen como queremos.
¿Cómo
afecta a la causa?
Nos
hace querer secuestrarla sin concebir que alguien más desde una postura
distinta esté luchando por la misma.
2. Sobrestimar el valor de la información sobre el del criterio.
No
ver Televisa no te convierte automáticamente en un ciudadano “bien informado”, pues la información que
circula en las redes sociales tampoco está exenta de manipulación; la única
ventaja que tiene el internet sobre la televisión es que por lo menos ahí puede
circular información manipulada de diversas corrientes y fuentes.
“Todos
los mexicanos deberían tener acceso a la valiosa información que circula en las
redes sociales, tal vez así se darían cuenta de quienes realmente nos gobiernan”. Fue sarcasmo por si no se dieron cuenta. ¡Distribuyan la información de manera responsable!
El
problema no radica en que tanta información te puedes hacer llegar a ti mismo y
a los demás, pues esta no sirve de nada si no se cuenta con un criterio para
digerirla. De nada sirve estar recibiendo diariamente toneladas de notas
periodísticas si no emiten un criterio imparcial, objetivo y libre de
prejuicios al respecto.
No es necesario auto-engrilletarse y no
volver jamás en la vida a ver el noticiero de López Doriga, basta con aprender
a digerir e interpretar las “cloacas” que tienen por boca él, Carlos Marín o el
resto de pseudo-periodistas de Televisa o Milenio. Pero tampoco den por hecho que si
deciden no escucharlos estarán automáticamente bien informados, al contrario,
les espera una labor más grande de constante lectura y estudio si quieren
realmente estar “bien informados”.
¿Cómo afecta a la causa?
Pues
que el movimiento está también plagado de gente mal informada que desvirtúa la
causa de la misma movilización en base a hechos exagerados, totalmente irrelevantes y algunos hasta basados
en “teorías de la conspiración”.
1. Confundir la causa y esperar a que esta rinda resultados a corto plazo.
¿Cómo
fue que muchos pasaron de exigir la democratización de los medios a querer
reivindicar a los pobres de México y exterminar a los poderes fácticos al corto
plazo?
La principal preocupación de los mexicanos
que “se preocupan”, es sin duda la reivindicación de los pobres e indígenas de
México; sin embargo, alcanzarla parece ser todavía una utopía en vez de una
meta tangible para la movilización y acción colectiva de los jóvenes “revolucionarios”.
Dentro de la coyuntura de la campaña electoral, el movimiento #YoSoy132 se
había fijado una meta en concreto, la cual era la democratización de los
medios.
Ciertamente la democratización de los medios
no es el único tema que interesa a aquellos que se preocupan por los problemas
de México, pero es un requisito, un pequeño paso para poder solucionar aquellos
otros enormes problemas que nos interesan más como la pobreza y la inseguridad.
Pero lo que en estos momentos nos debió haber ocupado más era esa meta más próxima
de democratizar los medios, pues es indispensable para construir un sistema
democrático que garantice la solución correcta y pacífica de los problemas de
México.
Sin embargo, lo que muchos jóvenes “revolucionarios”
quieren es una revolución de carácter casi romántico que reivindique a la
nación
No
creo que eso sea posible sin la ayuda de la “fuerza bruta” de la clase obrera que
votó en su mayoría por el PRI.
Es
cierto, existen grupos de poder que se verían desfavorecidos dentro de una
democracia pura, sin embargo, es necesario saber que sus esfuerzos no van
dirigidos a impedir que esta se materialice, sino a ajustar las condiciones a
su favor.
¿Lo ven? Por ello en estos momentos es en efecto necesario dedicar esfuerzos a la
democratización de los medios.
Lo
que resulta necesario para derrotarlos es cambiarles las reglas del juego que
ellos mismos fabricaron. Ahora lo que muchos al parecer quieren es aniquilar al
PRI, Televisa y demás poderes fácticos
¿Cómo
afecta a la causa?
Los
esfuerzos por democratizar los medios se ven desplazados por fantasías de
transformar o derrocar al sistema y reivindicar a los pobres de México a través
de un levantamiento y no de políticas públicas. La acción colectiva no define
sus objetivos y existe para pronto convertirse en una carga social más y
restarle credibilidad o legitimidad a movimientos como el de #YoSoy132.








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