lunes, 10 de diciembre de 2012

5 aspectos que necesitamos entender los mexicanos de la muerte de una figura pública.



5 aspectos que necesitamos entender los mexicanos de la muerte de una figura pública.

Cuando te conviertes en una figura pública, realmente cualquier acción realizada, cualquier suceso en tu vida es de relevancia para la opinión pública (al menos que así lo quieran los principales medios de comunicación), y la muerte no es la excepción, pues esta es la que dispara de manera exponencial opiniones y comentarios de pena y apoyo a los familiares, como otros que nos hacen ver un rostro demasiado tenebroso del ser humano.

Algunos bajo la mascara de la comedia y el humor.

6. No es necesario politizar el tema.


Si se trata de un político(a), entonces es comprensible que el tópico de su muerte se politice; pero si es una personalidad del cine, el deporte o la música o cualquier otra área que no sea la política, no hay muchas razones realmente para politizar el tema. Pero estamos tan aferrados en secuestrar una causa política, que casi cualquier acontecimiento lo interpretamos bajo una opinión que nos favorezca. Lo politizamos no porque su muerte tenga realmente una implicación política, sino para satisface nuestras propias necesidades de hacer escuchar y entender nuestros puntos de vista, y eso gente, se llama egoísmo.

5. Hay que tener criterio para los chistes y bromas.


Hay que tener criterio para saber bajo qué circunstancias o tras qué periodo es admisible hacer chistes sobre la muerte de una figura pública. El ingenio inmediato para hacer chistes no deja de sorprendernos, pero algunos chistes también dejan entrever una postura arbitraria y a veces hasta resentida por parte del “comediante”. Cuando murió Michael Clarke Duncan encontré la siguiente imagen en la red:

Descanse en paz, sujeto de La Milla Verde.

Me parece que la imagen hasta lo adula a la vez que nos hace reír, y es que el sujeto realmente era enorme e intimidante, pero de ninguna manera busca ofender su memoria, a diferencia de lo siguiente:

Sin comentarios.

Antes de defender nuestro privilegio de tener un sentido del humor, lean el siguiente punto por favor.

4. Hay que ponernos en el lugar de los familiares.


No es lo mismo morir por causas naturales que por un accidente, pues la primera es prácticamente una muerte anunciada, la segunda, es un imprevisto que transforma totalmente el escenario construido y planificado por los seres queridos de la persona fallecida. Es horrible que un ser querido se nos vaya sin previo aviso y ver que no tienes ningún apoyo, ni siquiera una muestra de afecto por parte de las demás personas. Obvio, tratándose de una figura pública no faltarán sin duda las muestras de apoyo, pero las burlas y críticas no evitarán tampoco que se generen innecesarias enemistades dentro de los miembros de la sociedad, quienes se suponen deben actuar bajo un “contrato social” de solidaridad.

Y es peor aun hacer chistes cuando la muerte imprevista fue el resultado de un crimen y los culpables continúan libres mientras los familiares continúan en busca de justicia.

2. Hay que entender el significado de la muerte.


Ya sea o no por causas naturales, no vale la pena dramatizar con el suceso y hartar a los demás con continuos tributos. El mexicano se jacta de reírse de la muerte (en especial cada 2 de noviembre), y aunque algunos si lo hagan, parece que la gran mayoría no está preparada para asimilar con naturalidad la muerte de figuras públicas. La gente parece no darse cuenta de que no solo todos morirán un día, sino que pueden hacerlo en cualquier momento.

La tragicomedia mexicana que envuelve a la muerte, no es solo para suponer que los difuntos se divierten en el “mas allá”, sino para convertir las penas y el dolor de este frio y duro universo en placeres…

…sobre todo en destilados.


La mayoría de los mexicanos necesitan revaluar los conceptos cristianos que tienen sobre la muerte y dejar de banalizar a través del martirio, la dramatización, los rituales litúrgicos y la espectacularización la única verdad absoluta que conocemos, pues es imposible que todos lamenten la muerte de una figura pública, por default algunos la van a celebrar también, y solo así, sabremos que la persona fallecida vivió como quiso sin mirar a los lados.

1. La figura pública realmente no merece tanta atención de los medios.


La desafortunada muerte de Jenny Rivera me hizo darme cuenta de algo, y es que no recuerdo que Televisa dedicara toda una tarde de programación a Carlos Monsiváis, a Facundo Cabral o a Carlos Fuentes el día en el que ellos murieron.

¡Es más!, ni siquiera recuerdo que le hayan dedicado una tarde de programación a Pedro Armendáriz Jr.

Sin embargo si recuerdo que hicieran lo mismo con Paco Stanley, La Doña o Cantinflas (quienes no me desagradan), Capulina, o inclusive Salvador Cabañas, quien afortunadamente sobrevivió a un disparo en la cabeza.

No será necesario Chabelo, tú nunca morirás.

Cualquier muerte merece respeto, en especial por la empatía que debemos mostrar a los familiares, más que nada por ellos, ¿de qué sirve dirigirle palabras a alguien que ya murió? Cada quien es libre de lamentar la muerte de quien quiera, el problema es la atención que los medios eligen dar a determinadas muertes. Televisa, como toda fría e inhumana corporación que es, está solamente respondiendo a las preferencias de los televidentes para poder elevar su rating. Son los mexicanos los que deben re direccionar sus preferencias y prioridades.

Por mucho que me desagrada el dicho de "la culpa no es del indio, sino de quien lo hace" (porque para empezar no me gusta que la palabra "indio" sea un término peyorativo), la frase no deja de tener mucho de razón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario